Reseña Histórica


La creación del IPC no es ajena a la realidad política e ideológica que acontece en la década de los 40´s en el territorio nacional, surge en el marco de lo que en la historiografía nacional se conoce como la “República Liberal”. En esta etapa, historiadores como Renán Silva han planteado y han logrado establecer los vínculos de dicho proceso político en la configuración de políticas culturales que lograron instarurar la creación de centros e institutos con una fuerte orientación hacia la cultura popular ligada a las representaciones, que desde el siglo XIX, se conocían en el ámbito de lo folklórico.

“La construcción de esa representación de la cultura popular como “folclor” parece cubrir dos fases diferenciadas de la política cultural liberal. La primera, que va -aproximadamente-de 1930 a 1940, y cuyo objetivo central era la difusión de ciertas formas de la cultura intelectual y de un sistema variado de preceptos y de normas educativas y sanitarias que se consideraba esencial en el proceso de civilización de las masas. La segunda, que se extiende, más o menos, desde 1940 hasta 1948, y que intenta combinar el proceso de difusión de la cultura con el de conocimiento de las culturas populares, a través de un vasto trabajo de campo que buscaba recolectar de manera sistemática todas las informaciones posibles para interpretar de manera coherente las variadas formas de la actividad cultural de las masas campesinas y de los habitantes populares urbanos (…)”1

Se suma a este contexto político nacional, la urgencia del partido liberal de lograr sostenerse y proyectarse, a propósito de la pérdida de las elecciones en el poder ejecutivo frente a los conservadores en todo el país. “Álvaro Valencia y otros intelectuales demócratas, por motivos políticos frente a la derrota liberal del año 46 y por generosidad ideológica, idearon la creación del Instituto Municipal de Cultura Popular. Al fin y al cabo, en ese momento la cultura era un motivo de atracción electoral para los sectores progresistas del partido liberal en lucha con la derecha gobernante y con un partido comunista que, por entonces, tenía simpatizantes entre los escritores y artistas revolucionarios o, por lo menos de vanguardia,”. Es así como se concibe la creación del IPC, como una oportunidad de cultivar el espíritu y el intelecto de las clases obreras. De este modo se inician programas educativos en educación cívica, historia patria, geografía, urbanidad e higiene y se le asigna a la institución la tarea de propender por el desarrollo de la cultura artística para las clases populares.

Es importante mencionar que en las primeras décadas la práctica pedagógica y artística, transita por el pensamiento de la educación popular, en tanto se asume el arte como un medio y un instrumento de educación y concientización de los sectores populares en aras de la transformación de su propia realidad social. Habría que señalar, además, que más allá de los accidentes de tipo político e ideológico que movilizaron la creación del Instituto Popular de Cultura, con el IPC emerge en la ciudad un lugar para enunciar otras formas de saber y pensamiento. Quizás el lugar simbólico del instituto radica en que ha sido uno de los espacios en los que se ha cuestionado las particiones mecánicas entre el hacer y el saber, entre la subjetividad y la objetividad, entre lo erudito y lo popular, entre el arte, la cultura y la ciencia; el IPC ha sido por excelencia un crisol de prácticas que pluralizan las formas de saber y de conocer.

A propósito del entramado de sentidos y de las tensiones propias de la gestión social del conocimiento, el IPC desde sus inicios propendió por el reconocimiento y la exaltación de los saberes populares, premonitoriamente, permitía enunciar un nuevo lugar necesario en las relaciones entre teorías, técnicas y prácticas, entre cultura y conocimiento científico, entre formas de hacer y maneras de pensar. Es así como se vinculan al IPC, en calidad de artistas e investigadores, hombres y mujeres que no tenían una formación académica (validada por universidades o centros especializados), pero eran reconocidos por su experticia y su saber empírico en el campo de las prácticas artísticas. Tal es el caso de Delia Zapata Olivella, Lorenzo Miranda y Emilio Banquéz, vinculados a la institución en la sección de danzas folklóricas.

1 SILVA Renán. República Liberal y Cultura Popular en Colombia: 1936-946

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